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Delirios a flor de piel

Con la cuerda dada

  • 17 mar 2018
  • 1 min de lectura

"No tengo ideas en La menor, ni sé donde olvidé la razón esta vez. Parece que me hubieran dado la cuerda justa que necesitaba para lanzarme al precipicio. O quizás no era tan justa y puede que me la pegue al final. ¿Y qué más da? No hablo ni de cuerdas

ni de precipicios

que me vayan a matar. Así que digo, "cobarde el último". Que yo ya me he acostumbrado a eso de ser valiente, a eso de que me resbalen los miedos por la piel y los vea ahí, cerquita, como esas pequeñas gotitas de agua, que ya no pueden calarme. Y qué bien se siente, cuando eres tú, tan tú y tan insignificantemente fuerte, que puede que la cagues y mucho, que puede que te caigas y mucho, que puede que llores y mucho. Pero también puede, (y eso espero) que crezca y mucho, hasta tal punto, que no haya cuerdas porque tenga unas alas preciosas con las que tirarme al cielo".


 
 
 

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